ARTICULO0031

Revista Ecuatoriana de Ciencias Filosófico-Teológicas

N° 2 - Vol. 1, 2024 | e-ISSN: 3073-1054

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La hermenéutica evangélica como mirada profética de la vida.

Una aproximación desde las homilías contra la usura de Basilio Magno y Gregorio de Nisa

Evangelical Hermeneutics as a Prophetic Perspective on Life:

An Approach from the Anti-Usury Homilies of Basil the Great and Gregory of Nyssa

Orlando Solano Pinzón

Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá

E-mail: o.solano@javeriana.edu.co

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4446-626X

Santiago Felipe Lantigua, SJ

Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá

E-mail: santiagofelipe15@gmail.com

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0626-5830

Fecha de aceptación: 09/12/2024

Fecha de publicación: 18/12/2024

Resumen

Este artículo explora la contribución de los Padres de la Iglesia, Basilio Magno y Gregorio de Nisa, a la hermenéutica evangélica como mirada profética de la vida, a través de sus homilías sobre la usura. Se ofrece una breve caracterización de su enfoque exegético y su relación con las Sagradas Escrituras. Además, se analizan las homilías sobre la usura desde una perspectiva de hermenéutica evangélica, proponiendo líneas de interpretación que fortalecen su comprensión como una visión profética de la existencia.Palabras clave: Padres de la Iglesia, mirada profética, usura, exégesis, capadocios, justicia social.

Abstract

This article explores the contribution of the Church Fathers, Basil the Great and Gregory of Nyssa, to evangelical hermeneutics as a prophetic perspective on life, through their homilies on usury. It provides a brief characterization of their exegetical approach and their relationship with Sacred Scripture. Additionally, the homilies on usury are analyzed from an evangelical hermeneutical perspective, proposing interpretative lines that enhance its understanding as a prophetic vision of existence.

Keywords: Church Fathers, prophetic view, usury, exegesis, Cappadocian, social justice.

Introducción

Desde el inicio del pontificado de Francisco, se ha promovido un llamado a la renovación de la Iglesia y de la teología, en continuidad con el impulso transformador iniciado en el Concilio Vaticano II (CVII). Este concilio evidenció, como señala Zamora (2010) la necesidad de conectar profundamente la teología con la pastoral. Dicho vínculo busca evitar que la teología se convierta en un discurso abstracto y desconectado de la realidad, y que la pastoral se limite a acciones desprovistas de una reflexión encarnada capaz de expresar la vitalidad de la fe. (pp. 57-59)

Ciertamente, la teología necesita renovarse constantemente para no quedarse en aquello que Francisco (2013, p.133) denomina “una teología de escritorio”, desvinculada de las realidades y que analiza los problemas fuera de su contexto, domesticándolos y cubriéndolos con un “barniz”. Para avanzar en función de la renovación, Francisco (2013, pp. 234-235) señala que la necesidad primera del quehacer teológico es entrar en diálogo con la realidad y sus conflictos para evitar caer en idealismos y elucubraciones utópicas; también, no partir de una síntesis cerrada, sino desde una atmósfera espiritual de búsqueda y certeza fundamentada en las verdades de la razón y la fe (Francisco 2018, p. 3).

Fecha de envío: 30/09/2024

En este marco, el presente artículo se propone reflexionar sobre la necesidad de una hermenéutica evangélica, apoyándose en la riqueza de la Tradición viva de la Iglesia. Particularmente, se examinarán las homilías contra la usura de Basilio Magno y Gregorio de Nisa, las cuales ofrecen un testimonio profético que responde a los desafíos planteados. Para ello, primero, se desarrollará una aproximación al uso de la Escritura en ambos autores; segundo, un análisis de las homilías contra la usura desde la perspectiva de una hermenéutica evangélica de la vida; y finalmente, se presentarán algunos lineamientos derivados del análisis para inspirar el ejercicio de una hermenéutica evangélica como mirada profética en el contexto actual.

  1. El uso de la Escritura en Basilio Magno y Gregorio de Nisa

Basilio de Cesarea (c. 329–79) y Gregorio de Nisa (c. 31-335) son dos hermanos que junto con Gregorio de Nacianzo son conocidos como los Padres Capadocios. Según Moreschini (2005, pp. 9-10) provenientes de una familia aristócrata y de profundas convicciones cristianas, recibieron una iniciación en la fe en el seno de su familia y accedieron a una adecuada formación como rétores, que le permitió a cada uno, en su momento, desplegar sus capacidades y hacer un aporte significativo a la defensa y consolidación de la fe cristiana. Basilio expresa directamente el aporte de la familia al inicio de las reglas morales.

Por la benignidad y la benevolencia del buen Dios, en la gracia de nuestro Señor Jesucristo, conforme a la acción del Espíritu Santo1, he sido preservado del error de la tradición de los paganos, ya que desde el principio fui criado por padres cristianos y aprendí de ellos, desde muy niño, las Sagradas Escrituras, que me han conducido al conocimiento de la verdad. (Prólogo 7,1)

Por el trabajo realizado en la recuperación de la obra de Orígenes de Alejandría, es posible identificar una cercanía de los capadocios con su exégesis, aunque manteniendo reservas frente a ciertos postulados de este autor. Según Moreschini (2005), entre los extractos incluidos en la Filocalia, una recopilación de textos de Orígenes llevada a cabo por Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, se encuentra la carta que Orígenes dirigió a Gregorio el Taumaturgo. Orígenes ofrece recomendaciones específicas para su labor, las cuales, posiblemente, resonaron y dejaron huella en el pensamiento de los capadocios.

Pero me gustaría que hicieras uso de toda tu disposición natural teniendo como fin la religión cristiana. Para alcanzar este fin, espero que tomes de la filosofía de los griegos lo que pueden llegar a ser, por decirlo así, disciplinas generales y preparatorias para el cristianismo, y también de la geometría, así como de la astronomía, las nociones que pueden ser útiles para la interpretación de las Sagradas Escrituras. (Trad. 1969, p. 1)

La anterior, no es una recomendación menor, pues expresa la opción particular de la escuela de Alejandría de apertura a la ciencia y a la filosofía griega de la época. Ahora bien, para el caso particular de Basilio, como señala Scazzoso (1973), después de que vive su experiencia de conversión, lee las Sagradas Escrituras y ve en ellas la regla para orientar la vida en todas las circunstancias. En efecto,

La experiencia basiliana en el terreno práctico de la caridad y en el teórico de la oración y de la contemplación toma la iniciativa de una única fuente, que es la Biblia: las figuras de José, Job, Daniel, David, Moisés, profetas y anticipadores de Cristo con el ejemplo de su vida dan a ellos dan al que aprende a leerlos riquezas que son antiguas y al mismo tiempo siempre nuevas. (p. 210).1

Desde esta centralidad en las Escrituras, todo lo demás, según Llewellyn (2008, pp. 412-414), queda subordinado a ellas en el pensamiento de Basilio. Retomando la carta de Orígenes a Gregorio el Taumaturgo, Basilio orienta todo el conocimiento adquirido en su formación en Cesarea, Constantinopla y Atenas al humilde propósito de asistir en la reflexión y la explicación de las Escrituras, preservando plenamente su originalidad. Una muestra de esta disposición se encuentra en la carta 159 dirigida a Eupaterius y su hija, donde, al abordar la divinidad del Espíritu Santo, afirma: "añadimos la explicación de esto según el sentido de las Escrituras" (Basil, Trad. 1928, CLIX, 1).

Aunque Basilio de Cesarea hereda la tradición recibida, también adopta opciones que permiten desarrollarla y enriquecerla. En este sentido, Moreschini (2005, p. 93) señala que, tras su decisión de dedicarse a la filosofía cristiana, Basilio adopta el principio de la utilidad moral como norma de su escritura. Así, su ejercicio retórico no se limita a persuadir en términos intelectuales, sino que busca transformar el comportamiento humano. Un ejemplo significativo de esta perspectiva se encuentra en su escrito dirigido a los jóvenes, donde destaca el criterio de aprovechamiento de la cultura filosófica y literaria: "[...] aceptaremos, eso sí, aquellas obras suyas en las que ensalzaron la virtud o condenaron el vicio" (Basilio, Trad. 2011, IV, 7).

Por otra parte, su actividad exegética no se desarrolla en comentarios bíblicos tradicionales, sino en enseñanzas presentadas en forma homilética, como se evidencia en el caso del Exameron. Este enfoque destaca por su intención pedagógica y pastoral, enfatizando la aplicación de la exégesis al contexto comunitario.

En continuidad con la Tradición recibida, Basilio de Cesarea comparte la convicción, según Scazzoso (1973), de que Cristo es el alma de la Escritura, el elemento que unifica los dos Testamentos. Por esta razón, considera indispensable poseer el espíritu de Cristo para comprender en profundidad el mensaje de las Escrituras. Cristo se constituye así en la clave de conocimiento fundamental e insustituible para el acceso a su significado más pleno.

En este contexto, resulta pertinente concluir la reflexión sobre la relación de Basilio con las Escrituras evocando las palabras de Scazzoso (1973), que resumen de manera magistral esta dimensión central en su pensamiento:

Así, el obispo de Cesarea se nos presenta ante todo como un “biblista”, según la carga de significación que esta palabra adquiere en referencia a la espiritualidad de los antiguos Padres: la Biblia es la escuela auténtica, donde se aprende a esparcir verba Dei, a tener en cuenta la tradición, entendida como vida continuada en la verdad, a considerar la Iglesia en su universalidad, como único lugar donde la palabra divina se ilumina de vez en cuando con su luz verdadera e inconfundible. (p 212)

Debido a que la mayor parte de la obra de Basilio se concentra en función de la actividad homilética y en un contexto en el cual se hace una fuerte crítica a la interpretación alegórica, la interpretación histórica/literal tendrá un énfasis destacado, aunque con un uso matizado de la interpretación alegórico/espiritual. Como comenta Moreschini (2005), “[…] Muchas veces considera insuficiente la interpretación literal del texto sacro, a la manera hebraica, si no es superada, gracias a la venida de Cristo, de una interpretación espiritual que es más elevada y profunda” (pp. 356-357).

En el caso de Gregorio de Nisa, hay una profundización mayor de la exégesis de tradición Alejandrina en función de abordar una variedad de temas espirituales, como señala Moreschini (2005), “[…] hasta el punto de crear auténticas obras maestras en sus tratados exegéticos” (p. 354). Dado el ambiente de hostilidad frente al abuso en el uso de la alegoría, Gregorio de Nisa (Trad. 2012) hará una abierta defensa de dicho método en el prólogo a las homilías sobre el Cantar de los Cantares. Sobre este particular, afirma:

[…] a algunos líderes de la iglesia les parece correcto atenerse a la letra de las Sagradas Escrituras en todas las circunstancias, y no están de acuerdo en que las Escrituras digan algo para nuestra edificación mediante enigmas y significados ocultos. Por esta razón considero necesario ante todo defender mi práctica contra quienes así nos acusan […] estamos deseosos, después de que Orígenes se dedicó diligentemente al estudio de este libro, de poner por escrito nuestro propio trabajo. (Preface 3.11.13)

En este sentido, a diferencia de Basilio, el obispo de Nisa profundizará en el desarrollo de la exégesis Alejandrina, pero, como comenta Simonetti (2010), buscando distanciarse de los excesos del uso de la alegoría y afianzando dos criterios hermenéuticos determinantes:

[...] la exigencia de que la lectura y la explicación de la Sagrada Escritura sean útiles para el ejercicio de una vida informada por la virtud cristiana; y la convicción de que, aunque no siempre, sólo se puede encontrar tal utilidad llevando la interpretación del texto más allá del sentido literal, a un sentido espiritual (p 337).

Si bien Gregorio asumió los postulados de la escuela de Alejandría, su preocupación por la interpretación de las Escrituras le llevó a precisar con mayor claridad que sus predecesores, los detalles de los textos de una manera orgánica y consistente, que se recogen en dos categorías de gran valor en el trabajo exegético de Gregorio: skopos y akolouthia.2

Según Simonetti (2010, p 336), el Niseno asigna a cada una de sus obras exegéticas un fin específico y procede en su razonamiento concatenando progresivamente sus argumentos en función de una comprensión orgánica que permita acceder al sentido espiritual.

Ahora bien, para el Niseno el Antiguo y el Nuevo Testamento constituyen la fuente esencial de su pensamiento, al respecto hay una frase lapidaria que se encuentra en la obra de Anima et Resurrectione (Trad. 2014)3, donde deja en evidencia la importancia de la Escritura: “No nos está permitido afirmar lo que nos plazca. La Sagrada Escritura es, para nosotros, la norma y la medida de todos los dogmas. Aprobamos solamente aquello que podemos armonizar con la intención de estos escritos” (p. 20). Este carácter de fuente y fundamento en relación con la Sagrada Escritura se comprende mejor no sólo por ser inspirada, sino también por concebirla como paideia cristiana. Por esta razón como comenta Solano (2015), “en lugar de decir, ‘el profeta dice’ o ‘Cristo dice’, que son formas comunes de expresión, escribe innumerables veces ‘el profeta Isaías nos instruye, nos enseña’ o ‘el apóstol nos instruye, nos enseña” (p 237).

  1. Análisis de las homilías de Basilio Magno y Gregorio de Nisa contra la usura en clave de hermenéutica evangélica

Tal como ya se ha expresado anteriormente, la hermenéutica evangélica busca que el binomio fe y razón sirva a los cristianos para acercarse a las realidades humanas actuales con una mirada espiritual, que trascienda las fronteras de la inmediatez y la cotidianidad, y pueda ayudar a ensanchar la mirada en un horizonte más amplio, sin dejar de lado las respuestas a esas realidades que les desafían. En este sentido, la hermenéutica evangélica aporta un movimiento vital, profético y renovador de la teología que, como disciplina, puede correr el riesgo de quedarse reflexionando sobre conceptos y realidades ontológicas – el papa Francisco le llama “teología de escritorio” –, relegando a un segundo plano los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de las personas de hoy, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren (Concilio Vaticano II, 1965, Gaudium et Spes, 1).

El ejercicio de análisis (exégesis) e interpretación (hermenéutica) de las Sagradas Escrituras, fundamentado en la experiencia vital de las personas y los contextos, encuentra una expresión destacada en la rica tradición homilética de los Padres Capadocios. En el caso de Basilio, la apelación constante a las Escrituras se convierte en un elemento esencial para la argumentación en toda su obra (Capbosq, 2019, p. 14). Este enfoque es particularmente evidente en sus textos sobre la usura, donde se identifica un carácter profético y un esquema común que será el corpus central de este estudio. Ambos autores, como introducción, exponen las razones por las cuales abordan este tema.

Sin entrar en un análisis exhaustivo del contexto social, político y económico de la Capadocia del siglo IV, es suficiente retomar las palabras de Hamman (2009): "testigos de un imperio empobrecido cuya fiscalidad machaca a los colonos y a la gente sencilla, y en el que causa estragos el cáncer de la usura" (p. 81). En este contexto, la Homilía sobre el Salmo XIV y contra los Usureros de Basilio se enmarca como la última de una serie de predicaciones que precedieron su muerte. El obispo de Cesarea aborda el tema debido a su relevancia para la vida cotidiana y, según sus propias palabras, "para la utilidad de su examen" (Rivas, 2005, p. 607)4. Es decir, busca que tanto los usureros como sus víctimas reflexionen y reconsideren su camino. En el trasfondo de esta cuestión, Basilio emplea recursos retóricos y evangélicos para provocar un cambio interior en sus oyentes.

Por su parte, Gregorio de Nisa, también ante una asamblea litúrgica y con un celo profético, exhorta a aborrecer el "modo de vida fraudulento" y a amar a las personas más que al dinero (Gregorius Nyssenus, 1967, pp. 195-196 [nombre del traductor]).

El esquema común en los escritos de ambos autores se estructura en tres partes:

  1. Una descripción del sistema de usura como una práctica que esclaviza tanto al deudor como al acreedor.
  2. La identificación de las características del usurero.
  3. Invitaciones o exhortaciones sobre la relación con las posesiones materiales y la necesidad de armonizarlas con una vida cristiana (Capbosq, 2019, pp. 12-13, 22-24; Rivas, 2005, pp. 212-214).

Cabe destacar que, por la naturaleza homilética de los textos, no se encuentran estas secciones tan claramente diferenciadas, sino que, al hacer una lectura compresiva de las mismas, se pueden reconocer dichos elementos ya señalados. Por esta razón, a continuación, se seguirá el esquema ya mencionado, mostrando cómo los Capadocios fueron comprendieron el tema, de tal forma que sustente el marco del manuscrito, asunto que no ha perdido vigencia; una hermenéutica evangélica como mirada profética de la vida.

  1. La usura

Basilio Magno, fiel a su misión de ser pastor de toda la grey de Capadocia: ricos y pobres, nunca fue tibio ante la realidad que le circundaba, todo lo contrario, fue pionero y precursor de la acción social tanto en sus escritos como en sus realizaciones. Por esta razón, como señala Hamman (2009), en su ejercicio episcopal:

[...] los temas de dignidad humana, igualdad fundamental de todas las personas frente a Dios, la necesaria redistribución de los bienes de forma que se pueda poner fin a la codicia y al enriquecimiento de algunos, fueron de los temas centrales que abordó como estrategia para poner fin al escándalo social y la miseria en que vivían sus contemporáneos. Basilio no se contenta con predicar a tiempo y a destiempo contra el lujo, la avaricia y la usura, sino que se consagra a obras sociales y de caridad. (p 81)

En el contexto en el que se sitúa la Homilía sobre el Salmo XIV, Basilio de Cesarea declara con una fuerza profética, sustentada en las Sagradas Escrituras, que la usura constituye un pecado, considerado uno de los mayores males que puede cometerse. Este juicio encuentra respaldo en diversos pasajes bíblicos como Ez 22, 12; Dt 23, 20; y Jr 9, 5, donde se establece de manera explícita: “no prestarás a usura a tu hermano”. La prohibición inscrita en la Ley divina refleja la gravedad de esta práctica, que se percibe como una transgresión directa a los preceptos de Dios.

No obstante, la fundamentación principal de Basilio al destacar el Salmo 14, 5 trasciende lo estrictamente espiritual y se enfoca en una dimensión profundamente humana y ética. En palabras del propio obispo de Cesarea: “verdaderamente es el culmen de la inhumanidad tener que pedir prestado por estar necesitado de lo necesario para el sostenimiento de la vida y que el otro no se conforme con el capital, sino que maquine conseguir sus recursos y abundancia a costa de las desgracias del pobre” (Rivas, 2005, p. 607).

Este planteamiento resalta no solo el carácter reprobable de la usura desde una perspectiva bíblica, sino también su impacto negativo en las relaciones humanas y en la dignidad de los más vulnerables. En este sentido, Basilio articula una denuncia que combina la autoridad de las Escrituras con un llamado a la justicia social y la compasión, fundamentales para la vida cristiana.

La usura, según Basilio de Cesarea, representa un acto profundamente inhumano, en el que una persona se aprovecha de las necesidades de otro con el único propósito de obtener un beneficio personal. Este comportamiento contraviene principios esenciales como la solidaridad, la preocupación por el prójimo y la corresponsabilidad. Como fiel exponente de la escuela antioquena, Basilio encuentra en las Sagradas Escrituras las herramientas necesarias para elaborar una crítica precisa a las formas en que los cristianos establecen sus relaciones. En este sentido, el sistema de usura emerge como un mecanismo de explotación que genera vínculos inhumanos, reduciendo a las personas a mercancías. En casos extremos, cuando el deudor no puede saldar su deuda, queda a merced del acreedor, quien puede disponer de él según sus intereses.

McCambley (1991) enfatiza esta idea al señalar que “la usura es la antítesis misma de la bondad divina que concede gratuitamente la gracia a todos” (p. 289). En palabras del propio Basilio: “obligado a rendir cuenta por unos intereses cuyo pago no puede realizar, se ha atado de manera voluntaria a una esclavitud de por vida” (Rivas, 2005, p. 608).

En contraposición a esta práctica, Basilio aboga por una lógica ética basada en el deber cristiano de socorrer las carencias del prójimo sin multiplicar su sufrimiento ni beneficiarse de su desgracia. Este principio, que trasciende las fronteras de la fe cristiana, se aplica a toda la humanidad, creyentes o no.

La usura se caracteriza por su insaciabilidad, generando un ciclo vicioso en el que tanto el endeudado como el acreedor amplían constantemente sus mecanismos de acción. El primero se ve obligado a recurrir a nuevos préstamos para saldar los anteriores, perpetuando su dependencia o manteniendo un estilo de vida ficticio. Por su parte, el segundo aumenta su capital, expandiendo su capacidad de oferta y su control sobre los más vulnerables. Este sistema se convierte así en una maquinaria que genera y perpetúa la pobreza: mientras los pobres se empobrecen aún más “te engalanas por poco tiempo con lo ajeno, y después perderás hasta los bienes paternos” (Rivas, 2005, p. 610), los ricos siguen acumulando fortuna “el dinero de los avaros-usureros nunca cesa de aumentar” (Rivas, 2005, p. 613).

La crítica de Basilio no solo denuncia la injusticia inherente al sistema de usura, sino que también presenta una visión ética y teológica que invita a replantear las relaciones humanas bajo principios de justicia, solidaridad y compasión. Según Basilio, la avaricia se asemeja a un “parto”, pues es fecunda para generar males tanto para quien presta como para quien pide prestado. Ninguno de los dos podrá encontrar paz: uno teme no recibir el pago, mientras que el otro se angustia por cómo lo hará. En este contexto, Gregorio de Nisa, otro influyente pensador de la época afirma que la usura “mata a los miserables hijos del préstamo y quita la vida al empleo del dinero para el lucro a interés” (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 195).5 Esta declaración, que aparece en el pórtico de su homilía Contra los usureros, subraya la severidad con la que se veía esta práctica en las regiones del Imperio Romano.

Aunque el texto no tiene como objetivo describir exhaustivamente la práctica de la usura, sino más bien hablar directamente a aquellos que la han adoptado (los usureros), invitándoles a reflexionar y apartarse de ella, Gregorio de Nisa coincide con su hermano Basilio al señalar que esta actividad es un pecado, ya que atenta contra la dignidad humana al impedir el acceso al verdadero camino hacia la vida. En este sentido, McCambley (1991) sostiene que no se trata de una cuestión filosófica abstracta, sino de principios morales basados en el Evangelio. Gracias a su profundo conocimiento académico, Gregorio ofrece una perspectiva que facilita una mejor comprensión de este dilema ético.

Otra de las características que destaca el obispo de Nisa es la forma tan fácil de obtener riqueza, así como lo pasajero que pueden ser los deleites que ésta produce, porque terminado el encanto, se devela lo que realmente es: veneno y daño amargo para el mal (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 196). La vida que se consigue con base en los réditos generados por los préstamos de otros hermanos necesitados es comparada con aquel que quiere cosechar sin sembrar ni arar, frutos que se han obtenido por el esfuerzo y los malos trabajos de otros. En este sentido, esta forma de vida se caracteriza por ser un ejemplo de pereza (la ley del menor esfuerzo) y ambición (querer siempre más para seguir enredando a otros) (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 197.

La usura, por lo tanto, está acompañada de la codicia, porque el codicioso es movido no por el deseo de ayudar al necesitado, sino, más bien, por el deseo de engrosar su patrimonio personal. En palabras del propio Gregorio:

Ciertamente ves que muchas veces el rico que está lleno de oro no tiene una sola moneda en su casa, sino que su esperanza está en los papeles, su riqueza en los contratos; a pesar de que posee todo, no tiene nada, administrando la vida en sentido contrario a la letra apostólica: dando todo a los que le piden no con la disposición interior de ayudarlos, sino con la actitud de la codicia (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 198).

Finalmente, Gregorio da un paso más al describir una dinámica propia de la usura: la “filantropía forzada” (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 197). Esta consiste en ofrecer una ayuda para salir del apuro inmediato, aprovechándose de la vulnerabilidad de quien se encuentra en necesidad y no es capaz de prever las consecuencias que sus compromisos traerán en el futuro. Sin embargo, una vez que el deudor queda completamente atrapado, el usurero le arrebata todo lo que tiene a su alcance.

  1. Los usureros6

En este punto, sobre aquellas personas que practican como oficio la usura, quienes han configurado un estilo de vida basado en el engaño y la extorción, tanto Basilio como Gregorio fueron mucho más expeditos al describirlos. El obispo de Cesarea, no dudó en afirmar que eran como máquinas que encontraban deleite en conseguir fortuna con la desgracia del pobre. Por lo tanto, los usureros necesitan de un sistema social y económico desigual donde los pobres tengan pocas posibilidades, para que puedan seguir acudiendo a ellos como protectores y proveedores.

Pero el avaro, viendo al hombre aplastado por la necesidad que se postra suplicante a sus pies (¿qué no hará o dirá humillándose?), no se compadece del que actúa en contra de su dignidad ni piensa en la naturaleza, ni se inmuta ante las súplicas, sino que permanece inflexible e inexorable, sin ceder a los ruegos, sin conmoverse por las lágrimas, firme en su negativa, jurando y maldiciéndose por no disponer realmente de ningún dinero en absoluto y que tendrá que mirar hasta si él mismo encuentra a alguien para que le preste algo, confirmando la mentira con juramentos, añadiendo el perjurio al mal negocio de la inhumanidad (Rivas, 2005, p. 608).

Esta actitud, es cuestionada por la propia fe cristiana, puesto que pone en tela de juicio la dignidad de ser humano, su valía por ser hijo de Dios y, sobre todo, la condición de hermanos que se comparte en virtud del bautismo. Por lo tanto, aquí aparece una de las grandes temáticas abordadas en las prédicas sociales del Capadocio. Dignidad e igualdad humana, ambas, como si fueran accesorias, ignoradas por los malhechores. Por esta razón, con toda franqueza denuncia que, en lugar de ayudar, el usurero saca provecho de la necesidad (Capbosq, 2019, p. 17). Cual ave de rapiña que, en medio de la proximidad de la muerte, no duda en ensartar su pico y morder para sacar un tajo; “Y como los labradores piden lluvia para multiplicar la cementera, así también tú estás deseando la necesidad y la indigencia de las personas para que te den dinero como resultado” (Rivas, 2005, p 609).

Amigo de las imágenes, como gran maestro de oratoria, el metropolita de Cesarea, reconoce que el prestamista a usura se hace pasar por amigo, para que una vez que el necesitado está atrapado, se desenmascara como enemigo. Esta dinámica engañosa, propia de la astucia de los hijos de las tinieblas (Cf. Lc 16, 8-13) revela, además, la calidad humana de quien engaña, puesto que no es capaz de mostrar todas las posibilidades y las cosas tal y como son. En este sentido, el que es víctima de esta lógica, no tiene libertad para elegir, se ve movilizado hacia una sola dirección: su propia ruina.

De igual forma, la salida que le ofrece este supuesto amigo se terminará convirtiendo en un veneno. Por lo tanto, es menester recordar que “ninguna herida se cura con otra herida, ni el mal se sana con otro mal, ni la pobreza se alivia con la usura” (Rivas, 2005, p. 612). Ese mismo sujeto, ya sabiéndose poseedor de los bienes del necesitado, se comporta como una “liebre”. Como señala el mismo Basilio,

Se dice que las liebres paren, crían y se quedan preñadas todo al mismo tiempo; también el dinero, para los prestamistas, se presta, produce y se multiplica todo al mismo tiempo, pues nada más recibirlo en las manos, te piden las rentas del mes actual. Y este préstamo, a su vez, engendra otro mal, y aquél otro mal..., y así hasta el infinito (Rivas, 2005, p. 612).

En definitiva, es un juego donde hay un cazador (usurero) y una presa que se ha de cazar (necesitado-endeudado). Esta lógica, macabra y poco humanitaria-solidaria, nunca desciende, sino que se profundiza y avanza, ya que “el dinero de los avaros nunca cesa de aumentar […] el dinero de los prestamistas y los vencimientos se reproducen y el capital se renueva” (Rivas, 2005, p. 613). En el caso del obispo de Nisa, en su homilía tilda a los usureros como personas miserables que ponen al dinero por encima de cualquier otra persona o realidad. Por esto, son capaces de jugar con el bienestar y la vida de sus propios hermanos, llegando a ser seres causantes de eterna pena para quienes son sus deudores (Gregorius Nyssenus, 1967, pp. 195- 196).

Este estilo de vida hace del usurero una persona que es identificada como la raíz de los males de muchos, como quien lleva a la ruina a otro, puesto que se alegra de las necesidades y fragilidades de los otros, con tal de ser beneficiado de éstas. Al respecto, comenta el Niseno:

Ruega para que los hombres tengan desgracias y necesidades y así tengan que recurrir a él forzosamente. Odia a los que se bastan a sí mismos y a los que no toman prestado los considera enemigos. Se sienta junto a los tribunales de justicia para encontrar al que está gimiendo a causa de los demandantes y acompaña a los oficiales de justicia como los buitres a los ejércitos formados para las batallas. Va llevando la bolsa y la muestra a los asfixiados como si fuera un señuelo para la fiera, para que ellos, abriendo la boca por la carencia, se traguen el anzuelo de los préstamos (Gregorius Nyssenus, 1967, pp. 195-196).

Este sujeto, con gran serenidad, se jacta de lo bien que están sus finanzas, aunque ese bienestar sea el resultado de la desgracia ajena. De manera similar a lo señalado anteriormente, se viste con la apariencia de un amigo, mostrando una falsa filantropía. Sin embargo, su verdadera intención es apropiarse de lo que pertenece a los demás. En este sentido, no es alguien que busque realmente ayudar, sino que incrementa las dificultades de quienes ya se encuentran en situación de vulnerabilidad. Específicamente, el usurero no puede permitir que su dinero esté parado; se irrita cuando está en casa, ya que no está generando intereses. (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 198).

Mientras que, por su propia codicia y maldad, está inquieto cuando los negocios del deudor están en buen estado. Así mismo, está atento a todos los movimientos, salidas y cambios que este hace, tal como si en lugar de ser un cliente o socio, se convirtiera en una presa a la que hay que vigilar. Por esta razón, el mismo Gregorio de Nisa afirmó que “si no hubiera una multitud de usureros, no habría una multitud que se va empobreciendo” (Gregorius Nyssenus, 1967, pp. 199- 202). Es decir, que mientras haya personas que se aprovechen de la necesidad de los otros o de la mala administración, siempre habrá personas sometidas a este sistema esclavista. Las Sagradas Escrituras lo han condenado reiteradas veces, nadie está de acuerdo con este modo de relación comercial: ni la ley, ni los profetas.

Sobre los hombros de estos hombres avaros está la multitud de vidas que se perdieron con el suicidio, ahogados por la presión, el descrédito social y la confiscación de las propiedades que tenían, ya que “los que toman los créditos de los prestamistas, tienen abundancia por poco tiempo y después son privados de su hogar paterno” (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 202). Estos mismos fueron quienes, exclama el Niseno, “¡Oh cuántos por la usura se ahorcaron y se entregaron a sí mismos a las corrientes de los ríos y juzgaron que la muerte era más llevadera que el prestamista y dejaron huérfanos a sus hijos acompañados con la pobreza como si fuera una madrastra mala!” (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 203).

Otra característica de aquellos hombres que viven del rédito y la usura es que son desvergonzados, con un pensamiento cruel, porque no les importa ni el tiempo, ni el lugar para cobrar sus deudas; son seres humanos mezquinos a quienes les cuesta hasta prepararse sus propios banquetes y disfrutar de la fortuna que han ido amasando (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 205). Finalmente, estos sujetos representan un serio problema social, sobre todo en un sistema tan parcializado a favorecer a los poderosos. En la capadocia del siglo IV, con tantas necesidades sociales, estos encuentran un buen caldo de cultivo para generar riqueza a costa de la miseria de los otros.

  1. Exhortaciones para la vida cristiana

Como elemento común en ambos autores se encuentra la exhortación a la práctica de las virtudes propias de la vida cristiana. En este caso, Basilio aconseja que es mejor estar dispuesto a perderlo todo, antes que renunciar a la libertad (Rivas, 2005, p 610). Sobre todo, esta afirmación cala mucho en aquellas personas que buscan salir rápidamente de las situaciones embarazosas, aquellas que no se detienen a analizar los pros y los contras de una decisión como esa. En este sentido, afirmó el obispo de Cesarea, que “cada uno hace cuentas con los dedos: uno se alegra porque crecen los intereses, otro gime porque se amplían las desgracias. “Bebe agua de tu propio vaso” (Pr 5, 15), es decir, examina tus propias posibilidades, no acudas a fuentes ajenas sino recoge de tus propios manantiales el sostenimiento de la vida.” (Rivas, 2005, p 610).

No obstante, esta afirmación no es una apología a la pobreza, ni en forma alguna un patrocinio de una vida basada en la carestía; sin embargo, debe quedar claro que en la vida se pasan momentos de necesidad, y esto no tiene nada de malo. En los momentos de precariedad, Dios se manifiesta como gran legislador y providente. Capbosq (2019) señala que, “El pastor de Cesarea también se mostraba consciente de que quienes mendigan muchas veces hacen uso de sus propias debilidades para obrar con engaño y negociar con sus males” (p. 16), de tal forma que se puedan sostener en un estilo de vida opulento y lleno lujos más allá de las propias posibilidades (Rivas, 2005, p. 211).

No obstante, la creencia de muchas personas es que acudir al préstamo es la salida más fácil de la carencia, sin embargo, la realidad es otra: termina perdiéndolo todo. En palabras de Basilio: “Mejor es paliar poco a poco la necesidad con la inteligencia, que, exaltado con la abundancia por lo ajeno, verse luego privado de todos los bienes a la vez.” (Rivas, 2005, p. 610). Porque el usurero hace que crezca la pobreza. En lo que respecta al obispo de Nisa, al usurero hay que decirle:

[…]cesa, hombre, de tener esa peligrosa preocupación, pon fin a la esperanza de la usura, por buscar los intereses no destruyas tu propio capital. Buscas rentas y ganancias de un pobre, tratándolo casi como un rico, tal como si uno quisiera tomar de una región reseca por el calor montones de trigo o multitud de racimos de una vid después de una lluvia de granizo, o partos de hijos en un vientre estéril, o alimento de leche de mujeres infértiles (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 200).

No obstante, estas denuncias, la vida cristiana no puede hacerse ajena a estas realidades que se dan en su entorno – y hasta dentro de ella misma –. Por lo tanto, todo creyente que ha abrazado este peligroso estilo de vida es invitado a volver a los fundamentos de la fe: Dios es Creador de todo, y los seres humanos gozan de Sus bienes, por Su benevolencia. Tal cual enseñó Jesús en la oración del Padre nuestro: perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores. En este sentido, la reciprocidad en las relaciones intrapersonales entre Dios y su criatura, deben ser un reflejo de las relaciones intracomunitarias. Por lo tanto, no se puede rechazar la súplica del necesitado (Rivas, 2005, pp. 225-226.228.).

Tal como aquel que en el evangelio va tocando la puerta de su vecino para completar la comida que ofrecerá a sus invitados, así mismo el necesitado que acuda ante el que posee los bienes, debe ser atendido con solicitud. Evitando que este pedimento se convierta en su desgracia futura (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 196). Por esta razón, el Niseno exhorta a

[…] prestar (pues el préstamo es una segunda forma de don), pero a hacerlo no con intereses usureros, sino tal como nos ordenó la palabra divina; pues igualmente es reo de castigo tanto el que no da a préstamo como el que los da con intereses, puesto que ha sido condenada la falta de humanidad de uno y la mezquindad del otro (Gregorius Nyssenus, 1967, p. 206).

Esta invitación coloca en el centro el llamado al cuidado y la corresponsabilidad dentro de la comunidad cristiana, no como un ejercicio meramente altruista, sino como una exigencia cristiana, nacida del Evangelio (1 Jn 4, 20). Para Rivas, la crítica que Basilio realiza en esta homilía sobre el Salmo XIVb se puede dividir en tres grandes grupos: (1) el cuerpo físico, donde se muestra el vínculo entre la avaricia y el préstamo, lo que lleva a que las personas sufran necesidad y hambre; (2) el cuerpo social, donde se revelan las estructuras que generan muerte y exclusión, negando a muchos el reconocimiento de su dignidad humana; y (3) el cuerpo teológico, que advierte sobre la posibilidad de condenación eterna si no se adopta un modo diferente de relacionarse con los bienes creados (Rivas, 2005, p. 267).

En los textos sagrados, los Padres encontraron fuentes saludables que inspiraron la conversión de sus contemporáneos. Por lo tanto, tiene sentido que, en la actualidad, el quehacer teológico requiera una hermenéutica evangélica, vista como una mirada profética de la vida, de las problemáticas y crisis sociales y existenciales. De igual manera, esta forma de hacer teología tiene la tarea de aportar la necesaria renovación y vitalidad a las discusiones académicas.

  1. Aporte de la Tradición al ejercicio de hermenéutica evangélica como mirada profética de la vida

La investigación realizada en las homilías, objeto de estudio, ha permitido adentrarse en un ejercicio real de hermenéutica evangélica, vista como una mirada profética de la vida. Esto ha posibilitado la identificación de aspectos de gran valor para inspirar su práctica en nuestros días. Debido a la centralidad y la fuerza de las Sagradas Escrituras como fuente de vida, este enfoque se enmarca en la particularidad de la teología entendida como sabiduría, es decir, como un ejercicio de interpretación contextual de la Escritura con una finalidad edificante. Como ejercicio hermenéutico, la función del teólogo es fundamental, ya que se convierte en un puente entre la realidad en la que se vive y la fe de la cual es testigo. A continuación, se presentará una breve descripción de los aspectos que pueden contribuir a consolidar hoy una hermenéutica evangélica como mirada profética de la vida, a la luz de lo explorado en los ejemplos del apartado anterior.

  1. Contexto

Los gozos, los sufrimientos, las tensiones y demás expresiones de la existencia humana no son ajenos a la fe cristiana, sino que constituyen los escenarios reales que dinamizan la hermenéutica evangélica de la vida. Basilio y Gregorio a pesar de provenir de una familia aristócrata, desde el momento que abrazaron la fe su vida no volvió a entenderse sino como correspondencia con la Santa Trinidad y en estrecho vínculo con las Sagradas Escrituras que, como fuente de vida, constituyen la paideia cristiana capaz de guiar a la comunión divina. Esta evocación de los personajes en cuestión es oportuna para comprender el papel de la fe desde el momento de vinculación con la realidad, en tanto configura un ‘mirar creyente’, es decir una manera de posicionarse frente a la realidad no de forma neutral sino intencionada en favor de la vida, particularmente, cuando es amenazada.

La referencia a la usura corrobora lo anteriormente expresado, por el doble daño que genera tanto en quien padece las inclemencias de esta práctica fraudulenta que pone en riesgo la vida de seres humanos, como de quien la fomenta al cegar su vida frente al dolor y la tragedia humana y hacerse esclavo del dinero. En este sentido, la usura rompe con toda dinámica de hermandad y fraternidad, es contraria a toda lógica de solidaridad y de corresponsabilidad por el bienestar de los demás, tal como lo propone Jesús en los evangelios. De ahí que, la reflexión sobre la usura tarea a la discusión una serie de problemáticas que van más allá de la dimensión económica. Es decir, la usura instala un modelo de relación interpersonal que cosifica a ambos: al usurero porque solo es visto como alguien que tiene dinero y del cual puedo echar mano cuando se está pasando necesidad; mientas que el que es víctima de la usura es visto como alguien que, al pedir prestado, se convierte en generador de intereses. Ambos, al ser cosificados, se despersonalizan, se opacan otras realidades que también son fundamentales en la identificación personas: su historia, sus situaciones, sus sueños, habilidades, entre otras.

  1. Experiencia espiritual

Esta mirada creyente de la realidad al no ser indiferente frente a la vida dispone internamente para acoger la acción del Espíritu, cuyas mociones se orientan en función de corresponder al clamor de la vida. Sintonizar con estas mociones y decidir libremente que configuren un modo de existencia, permite comprender por qué la teología en general y la teología como sabiduría es un ejercicio espiritual. Esta experiencia espiritual se despliega en nuestros personajes desde la convicción de que la vida cristiana consiste en asemejarse a Dios, al respecto, decidir que la moción a la práctica de la misericordia configure un modo de existencia posibilita tal semejanza.

Indiscutiblemente que, al leer las biografías de estos Padres de la Iglesia se destacan sus virtudes y deseos de vivir en la soledad, en la oración y en la sencillez de vida, como renuncia a ocupar los primeros puestos que, tanto por tu tradición familiar y por la exquisita formación académica que recibieron, naturalmente les venía garantizadas. En este sentido, lo que han denunciado con sus homilías, en primer lugar, es el fruto de la meditación e interpelación de la Palabra de Dios. Este ejercicio homilético, más que un análisis crítico y exegético de las Escrituras, es una exhortación a la vuelta a una vida cristiana más evangélica. Pero, esto es posible, si se da la transformación del corazón: tanto del usurero, como del que es víctima de la usura. Porque, cantar como el salmista “en el Señor he puesto mi esperanza” (Sal 70) y que solo en el confío, es un ejercicio de abandono de total, de una confianza que solo nace de una persona que se sabe profundamente ligado y amado por El.

  1. Ejercicio sapiencial

Orientar la propia existencia en función de responder al clamor de la vida hace que se procure comprender más en detalle los aspectos que están provocando la afectación a la vida y, que desde dicha comprensión se genere el vínculo con las Sagradas Escrituras que, como fuente de vida y dada la riqueza de experiencias que allí se narran, encontrar inspiración y orientaciones para salvaguardar la vida que ha sido puesta en riesgo.

En este sentido, la apropiación sapiencial de las Escrituras lleva a que el receptor de su contenido sea movido e interpelado en el modo en cómo se vive la propia vida. El deseo del seguimiento de Jesús requiere la compresión de la propia existencia, de la cotidianidad, tal como lo expresó el centurión romano antes de pedirle que sanara a su criado: “no soy digno de que entres en mi casa” (Mt 8, 5-1). Por lo tanto, las Sagradas Escrituras le aportan una fuerza transformadora (metanoia) del corazón a quien se acerca con deseos de encontrar en ellas el modo de vivir una vida más cercana a la propuesta de Jesús: la construcción de un reino donde todos sean hermanos y hermanas.

  1. Finalidad Pastoral

Finalmente, abrazar la radicalidad de la Palabra para convertir el corazón, tiene implicaciones pastorales profundas. No se puede afirmar que se ama Dios, a quien no se ve, si se rechaza al hermano que tiene al lado (cf. 1 Jn. 4, 8), afirmó el evangelista. En este sentido, las relaciones comunitarias e interpersonales cuando son iluminadas por las Sagradas Escrituras promueven el amor, la solidaridad, el compartir, la justicia, el derecho, la misericordia; además, se vela para que ningún miembro se quede atrás o que tome otro camino. Mientras que, el egoísmo y la división fomentan males como la usura, porque a cada uno solo piensa en sí: ambos buscan sacar provecho del otro.

Por lo tanto, la lógica de la hermenéutica evangélica en clave profética busca ser consciente se la vitalidad que poseen las Escrituras a la hora de denunciar estas dinámicas interpersonales que no favorecen el reconocimiento del otro como hermano, sino como un ente de beneficios particulares. Ahora bien, la profecía es también audacia, es la capacidad de proponer nuevas formas de relaciones, de modos de vida que, aunque no sean populares porque pueden ir en contra de la lógica de las mayorías, busque reconocer en los otros esa imagen regia que se posee por ser creaturas e hijos de Dios.

Conclusión

A lo largo de este escrito, se ha seguido la invitación del papa Francisco a que el quehacer teológico se realice en clave de hermenéutica evangélica, como un ejercicio que vincule lo mejor de la academia a las experiencias vitales de las personas, comunidades y contextos desde donde se reflexiona. Al respecto, dentro del esfuerzo de reflexión se ha añadido un elemento más al comprender la hermenéutica evangélica como mirada profética de la vida, de la cual dan cuenta las homilías contra la usura de Basilio y Gregorio quienes, conscientes de su valor de pastores (Cesarea y Nisa, respectivamente) denunciaron aquel mal social que afectaba a sus contemporáneos. En este sentido, el valor profético de estos Padres de la Iglesia está, entre otras cosas, en ser conscientes de la realidad de exclusión y desigualdad social, provocada por la estructura social y política del Imperio, y desde ahí, denunciar aquello que rompe la fraternidad y solidaridad entre las personas.

En consecuencia, abrazar una hermenéutica evangélica como mirada profética de la vida, implica no solo denunciar, sino también ser capaces de tener la audacia de proponer aquello que en la vida cristiana es esencial: el encuentro con Jesús y la vivencia radical del Evangelio. En la actualidad, muchos critican las estructuras sociales y políticas, pero poco se atreven a proponer un cambio de las relaciones y de las dinámicas comunitarias que tenga la Palabra en el centro. De hecho, una tentación que tiene el cristianismo en la actualidad es abrazar otras formas más atractivas de márquetin y promoción del quehacer de sus comunidades, y dejar de lado que lo fundamental y realmente transformador es la experiencia de Jesús, la oración, la cercanía a las Sagradas Escrituras, la solidaridad y cercanía a los más necesitados.

La centralidad de las Sagradas Escrituras asumidas como fuente inagotable de vida en la existencia del creyente activan el espíritu de profecía que permite ver la realidad desde Dios y a Dios presente en la realidad, que no da lugar a la indiferencia, sino que invita a tomar iniciativa. Es el caso de los dos autores objeto del presente estudio, quienes configuraron su vida teniendo como centro las Sagradas Escrituras y, tanto en sus convicciones personales como en su labor pastoral, dieron muestras de encarnar el espíritu profético para denunciar una conducta naturalizada capaz de destruir la vida, tanto de quien padecía los efectos de la usura, como de quien sacaba beneficios de esta. Esta práctica ha llegado hasta nuestros días con efectos de gran impacto social haciendo vigente la enseñanza del pasado.

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  1. 1 Scazzoso, P. (1973). San Basilio e la Sacra Scrittura. Aevum, 47(3/4), 210-224. Traducción de Dr. Orlando Solano Pinzón.

  2. 2 En el libro ‘El misterio de la historia’, Daniélou (1957, pp 315-316) señala que Gregorio recibió el término Akolouthia de la filosofía griega, particularmente de Aristóteles, pero el uso que le dio lo orientó en función de dar razón del desarrollo progresivo del plan de Dios en el cual el término se comprende como un proceso de divinización.

  3. 3 Gregorio de Nisa. (2014). L'anima e la resurrezione. En C. Moreschini (Ed. y trad.), Gregorii di Nissa, Opere Dogmatiche (pp. 681-1726). Bompiani.

  4. 4 Para la traducción de la Homilia XIVb se ha utilizado la versión realizada por Fernando Rivas Rebaque.

  5. 5 La traducción de esta obra de Gregorio de Nisa es del doctor Ramón Cornavaca.

  6. 6 Fernando Rivas ofrece una descripción de la figura del prestamista (usurero), véase: (Rivas, 2005, p 238).