Revista Ecuatoriana de Ciencias Filosófico-Teológicas (RECiFiT)
e-ISSN: 3073-1054
en un lugar que, sin desconocer su valor ontológico, lo comprometa con el cuidado de
todo lo creado.
Dado que la noción cosmoteándrica constituye uno de los fundamentos de la
ontonomía panikkariana, resulta necesario detenerse en ella para comprender mejor
su alcance. La visión cosmoteándrica es definida por Panikkar como “la intuición,
totalmente integrada, del tejido sin costuras de la realidad entera, el conocimiento
indiviso de la totalidad […] Lo que cuenta es la realidad entera, la materia tanto como
el espíritu, el bien tanto como el mal, la ciencia tanto como el misticismo, el alma tanto
como el cuerpo” (1999a, pp. 53-54). Desde esta perspectiva, la realidad no se encuentra
constituida por tres ámbitos separados (Dios, ser humano y mundo), pero tampoco
puede reducirse a uno solo de ellos. Para Panikkar, la realidad es cosmoteándrica:
Dios, Hombre y Mundo están, por así decirlo, en una íntima y constitutiva colaboración
para construir la Realidad, para hacer avanzar la historia, para continuar la creación...
Hay un dinamismo y un crecimiento en lo que los cristianos llaman el Cuerpo místico
de Cristo y los buddhistas dharmakaya. Dios, Hombre y Mundo están comprometidos en
una única aventura y este compromiso constituye la verdadera Realidad (1998, p.93).
La realidad posee una triple dimensión: divina, humana y cósmica. Todo cuanto
existe participa de ellas y, por ello, el ser humano puede ser comprendido como una
realidad cosmoteándrica (Meza-Rueda, 2009). Desde esta perspectiva, Panikkar invita
a reconocer y vivir esta tridimensionalidad, cultivando una apertura constante a los
demás, al mundo y a Dios, de modo que sea posible alcanzar una comunión armónica
con el conjunto de lo real, es decir, una reconciliación cosmoteándrica. La noción
de “dimensión” busca superar tanto “la tentación monista de construir un universo
modalístico súper simplificado, donde todas las cosas no son sino variaciones y modos
de una sustancia...” como “la tentación dualista de establecer dos o más elementos
incomunicables” (Panikkar, 1998, p. 55). Se trata, por tanto, de una comprensión que
remite más a una experiencia de carácter místico que a una construcción filosófica
en sentido estricto.
La intuición cosmoteándrica o teoantropocósmica expresa la relación y comunión
íntima entre Dios-Divinidad, Naturaleza-Cosmos y Humanidad-Consciencia. Theos-
Anthropos-Kosmos son dimensiones de la única Realidad.
Theos. La dimensión divina, la Divinidad, representa “la impenetrable libertad”, la
“indeterminación absoluta”, “la dimensión abisal”, a la vez trascendente e “infinitamente
inmanente”; a un tiempo, insondable e inagotable (Panikkar, 1999b, p.55). Es el Padre
de la Trinidad cristiana, la “fons et origo totius...” de los santos padres. Pero, respecto
del ser humano, Dios no es lo “absolutamente Otro”, una realidad “fuera” y aparte, como
se repite en gran parte de la teología cristiana. Dios tampoco es lo mismo que nosotros;
más bien deberíamos decir que Dios es “el último y único Yo”, del que nosotros somos sus
“tús”, en una relación no-dualista (Panikkar, 1999b, p.96).
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