Vigencia crítica del Cántico de las Criaturas  
Critical relevance of the Canticle of the Creatures  
Vigência crítica do Cântico das Criatura  
Carlos Piccone Camere  
Profesor e investigador - Departamento Académico de Teología, Pontificia Universidad  
Católica del Perú, Perú.  
Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú.  
Resumen  
Este artículo examina la vigencia crítica del Cántico de las Criaturas de san  
Francisco de Asís en el contexto de la crisis socioambiental y tecnológica  
contemporánea. Apartirdelacategoríadeantropoceno, sesostienequedicha  
crisis no se limita al deterioro ecológico, sino que expresa una comprensión  
antropológica basada en la separación entre humanidad, técnica y creación.  
Desde esta perspectiva, y en diálogo con los estudios sobre el antropoceno,  
la crítica al paradigma tecnocrático y el magisterio social reciente de la  
Iglesia, especialmente Laudato si’ y algunas intervenciones del papa León  
XIV, se muestra cómo la tradición franciscana ofrece una comprensión  
del mundo fundada en la interdependencia, la vulnerabilidad compartida  
y la fraternidad con lo creado. Asimismo, se examinan los desafíos éticos  
que plantea la inteligencia artificial, particularmente en lo relativo a la  
responsabilidad, la justicia y el acceso al conocimiento. El estudio sostiene  
que el Cántico conserva una significativa capacidad crítica para interpelar  
las lógicas contemporáneas de dominio y repensar las relaciones entre  
ecología, técnica y dignidad humana.  
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Fecha de recepción: 23 de mayo de 2026 Fecha de aprobación: 10 de junio de 2026 Fecha de publicación: 27 de junio de 2026  
Citar como: Carlos Piccone Camere, (2026). Vigencia crítica del Cántico de las Criaturas. Revista Ecuatoriana de  
Ciencias Filosófico-Teológicas, Vol. 3, N.º 5, pp. 46–62.  
2026 Pontificia Universidad Católica  
del Ecuador y los/as autores/as.  
Vigencia crítica del Cántico de las Criaturas  
Palabras clave: Antropoceno; fraternidad; inteligencia artificial; justicia  
ecológica; Laudato si’; san Francisco de Asís.  
Abstract  
This article examines the critical relevance of the Canticle of the Creatures by  
SaintFrancisofAssisiinthecontextofthecontemporarysocio-environmental  
and technological crisis. Based on the category of the Anthropocene, it is  
argued that this crisis is not limited to ecological deterioration, but rather  
expresses an anthropological understanding based on the separation  
between humanity, technology, and creation. From this perspective, and in  
dialogue with studies on the Anthropocene, the critique of the technocratic  
paradigm,andtherecentsocialmagisteriumoftheChurch,especiallyLaudato  
si’ and some interventions by Pope Leo XIV, it is shown how the Franciscan  
tradition offers an understanding of the world founded on interdependence,  
shared vulnerability, and fraternity with all created beings. Likewise, the  
ethical challenges posed by artificial intelligence are examined, particularly  
with regard to responsibility, justice, and access to knowledge. The study  
argues that the Canticle retains a significant critical capacity to challenge  
contemporary logics of domination and to rethink the relationships between  
ecology, technology, and human dignity.  
Keywords: Anthropocene; fraternity; artificial intelligence; ecological justice;  
Laudato si’; Saint Francis of Assisi.  
Resumo  
Este artigo examina a vigência crítica do Cântico das Criaturas de São  
Francisco de Assis no contexto da crise socioambiental e tecnológica  
contemporânea. A partir da categoria de Antropoceno, sustenta-se que tal  
crise não se limita à deterioração ecológica, mas expressa uma compreensão  
antropológica baseada na separação entre humanidade, técnica e criação.  
Sob essa perspectiva, e em diálogo com os estudos sobre o Antropoceno, a  
crítica ao paradigma tecnocrático e o magistério social recente da Igreja,  
especialmente a Laudato si’ e algumas intervenções do papa Leão XIV,  
mostra-se como a tradição franciscana oferece uma compreensão do mundo  
fundada na interdependência, na vulnerabilidade compartilhada e na  
fraternidade com o criado. Da mesma forma, examinam-se os desafios éticos  
colocados pela inteligência artificial, particularmente no que diz respeito à  
responsabilidade, à justiça e ao acesso ao conhecimento. O estudo sustenta  
que o Cântico conserva uma significativa capacidade crítica para interpelar  
as lógicas contemporâneas de domínio e repensar as relações entre ecologia,  
técnica e dignidade humana.  
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Revista Ecuatoriana de Ciencias Filosófico-Teológicas (RECiFiT)  
e-ISSN: 3073-1054  
Palavras-chave: Antropoceno; fraternidade; inteligência artificial; justiça  
ecológica; Laudato si’; São Francisco de Assis.  
Introducción  
La conmemoración de los ochocientos años del Cántico de las Criaturas coincide con  
un momento en que la crisis ecológica ha dejado de ser pensada solo como deterioro  
ambiental para convertirse en uno de los diagnósticos más apremiantes de nuestra  
época. El cambio climático, la pérdida acelerada de biodiversidad, la contaminación  
de territorios y la alteración de ciclos planetarios han llevado a diversos autores  
a describir la situación contemporánea mediante la categoría de “antropoceno”,  
propuesta inicialmente para nombrar el impacto geológico de la acción humana  
sobre la Tierra (Crutzen & Stoermer, 2000). La fuerza del término reside menos en  
su exactitud cronológica, todavía discutida, que en su capacidad para exponer un  
problema mayor, cuya idea de fondo puede sintetizarse, sin mayores matices, en que  
la modernidad ha producido un sujeto que se concibe a sí mismo como exterior al  
mundo que transforma (Biermann & Lövbrand, 2019).  
Esta constatación invita a revisar críticamente las genealogías culturales, religiosas  
y políticas que han favorecido la separación moderna entre ser humano y mundo  
natural. El antropoceno no alude únicamente a una época definida por la acumulación  
de impactos humanos sobre la Tierra, sino también a una crisis de comprensión moral  
y espiritual, esto es, a la dificultad de reconocerse como criatura situada, dependiente,  
limitada y vinculada. Por ello, la pregunta socioecológica no puede reducirse a la  
gestión técnica de daños ambientales. Exige interrogar la antropología que sostiene  
la relación moderna con lo viviente: una visión marcada por la apropiación, la  
disponibilidad del mundo y la ilusión de una autonomía autosuficiente. Esta cuestión  
adquiere mayor urgencia en un contexto en el que la técnica, incluida la inteligencia  
artificial, ya no aparece solo como herramienta funcional, sino como realidad que  
interpela directamente la dignidad humana, la justicia social y los modos de inserción  
de la persona en entramados sociales cada vez más automatizados (Dicasterio para la  
Doctrina de la Fe, 2024; Mazurkiewicz, 2023; Floridi, 2013; Pasquale, 2015).  
En este marco, el Cántico de las Criaturas de san Francisco de Asís conserva una  
actualidad crítica que excede cualquier lectura devocional o sentimental. El himno  
no interesa solo porque nombre al sol, al agua, al fuego o a la tierra como hermanos  
y hermanas. Una de sus mayores fortalezas radica en que desplaza el centro de la  
experiencia humana hacia una realidad más amplia que el propio individuo; este  
no aparece como soberano de la creación, sino como parte de una comunidad de  
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criaturas aunadas por la vulnerabilidad y la dependencia recíproca. En tiempos del  
antropoceno, esa fraternidad cósmica deja de ser una imagen inocua y se convierte en  
una impugnación de las formas históricas de dominio que han convertido la creación  
en recurso, mercancía o zona de sacrificio.  
La encíclica Laudato si’ recupera explícitamente esta intuición franciscana al vincular  
la crisis ambiental con una crisis social, espiritual y cultural más amplia (Francisco,  
2015). Su crítica al paradigma tecnocrático no rechaza la técnica en cuanto tal, sino  
la racionalidad que reduce lo real a objeto de cálculo, administración y explotación.  
Desde esta perspectiva, se haría poca o nula justicia al valor del Cántico si, desde  
la ética ecológica contemporánea, se le considera como un vestigio poético. Antes  
bien, los versos del Poverello constituyen una reserva simbólica capaz de interpelar  
la fractura moderna entre humanidad y creación.  
Este artículo propone una relectura histórico-teológica del Cántico de las Criaturas  
a la luz del debate contemporáneo sobre el antropoceno. Sostiene que la actualidad  
del himno franciscano no reside en iluminar el ambientalismo moderno, sino en  
desestabilizar la antropología del dominio que lo hizo necesario. Para ello, el estudio  
articula cuatro niveles de análisis: primero, la discusión interdisciplinaria sobre  
el antropoceno y sus límites conceptuales; segundo, el debate sobre cristianismo,  
antropocentrismo y dominio de la naturaleza; tercero, el contexto franciscano del  
Cántico; y, finalmente, una actualización crítica del texto en Laudato si’, entre las  
diversas reinterpretaciones que se podrían llevar a cabo, especialmente frente a las  
fracturas socioambientales de América Latina.  
Esta aproximación busca evitar dos reducciones simétricas. La primera consiste  
en leer el Cántico como simple antecedente ecológico, proyectando sobre Francisco  
categorías contemporáneas que no le pertenecen. La segunda consiste en confinarlo  
al pasado devocional, desconociendo su capacidad de interpelar las formas actuales  
de habitar el mundo. Entre ambas lecturas, el himno franciscano permite pensar el  
ideal de fraternidad como un importante contrapeso contra la pretensión moderna  
de vivir como si el ser humano no fuese también criatura.  
1. El antropoceno y la crisis de la antropología moderna  
Como se indicó en la sección anterior, la noción de antropoceno surgió en el ámbito de  
las ciencias de la Tierra, pero pronto excedió ese marco inicial. Su fuerza conceptual  
reside precisamente en que permite interpretar una crisis civilizatoria en la que la  
modernidad ha transformado el mundo natural hasta alterar las condiciones mismas  
de habitabilidad del planeta.  
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Por ello, el problema ya no puede pensarse únicamente como “crisis ambiental”,  
expresión que todavía conserva la idea de un entorno exterior al sujeto humano. El  
antropoceno cuestiona esa separación. La actividad económica, tecnológica y política  
de la humanidad ha modificado de tal manera los ciclos climáticos y biogeoquímicos  
que la distinción moderna entre historia humana e historia natural comenzó a  
desdibujarse. Como observó Dipesh Chakrabarty (2009), la humanidad pasó a  
convertirse simultáneamente en sujeto político y agente geológico.  
Esta transformación posee consecuencias intelectuales profundas. Buena parte de la  
modernidad occidental se construyó sobre una distinción relativamente estable entre  
naturaleza y sociedad. La naturaleza aparecía como telón de fondo relativamente  
pasivo sobre el cual se desplegaban los proyectos humanos de progreso, acumulación  
y expansión técnica. El antropoceno desestabiliza esa arquitectura conceptual. La  
naturaleza ya no puede ser concebida como exterioridad silenciosa ni como reserva  
infinita de recursos disponibles para la explotación. Lo que emerge es una Tierra  
reactiva, vulnerable y atravesada por límites materiales que la modernidad había  
intentado ignorar.  
Bruno Latour (2017) observó que la crisis climática ha supuesto el colapso de  
la cosmología moderna que separaba artificialmente naturaleza y política. La  
modernidad había imaginado un sujeto autónomo capaz de emanciparse de  
los condicionamientos naturales mediante el dominio técnico y científico; sin  
embargo, el deterioro climático revelaría el carácter ilusorio de esa autonomía. La  
humanidad descubriría tardíamente que nunca estuvo fuera de la trama material  
que pretendía controlar. Por ello, la cuestión tecnológica ya no puede abordarse  
solo desde la eficiencia o la innovación, sino desde la ética, es decir, desde las  
formas concretas de vivir y habitar el mundo, reconociendo la interdependencia  
vital y cuidando las condiciones que hacen posible el desarrollo justo de las  
sociedades humanas.  
Desde este horizonte, el discernimiento tecnológico exige evitar tanto la tecnofilia  
ingenua como la tecnofobia defensiva. Supone atender la proporcionalidad entre  
beneficiosyriesgos,elconsentimientoinformado,laproteccióndelosmásvulnerables,  
la justicia social, el trabajo digno y el acceso equitativo. En el campo educativo, como  
ha señalado León XIV (2025), ninguna mediación algorítmica puede reemplazar  
aquello que hace propiamente humana la formación: la palabra que acompaña, la  
imaginación, la creatividad, el descubrimiento compartido y el aprendizaje que nace  
incluso del error. La innovación, por tanto, necesita ser orientada por instituciones  
capaces de deliberar críticamente y de poner el desarrollo técnico al servicio de la  
dignidad humana y del bien común (León XIV, 2025, nn. 9.2–9.3).  
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Conviene añadir que la categoría de antropoceno ha recibido críticas importantes.  
Diversos autores han señalado que el término corre el riesgo de atribuir  
responsabilidadeshomogéneasa“lahumanidad”enabstracto,ocultandolasprofundas  
desigualdades históricas que estructuran la devastación ecológica contemporánea.  
Jason Moore (2016) propuso hablar más bien de “capitaloceno”, subrayando que no  
toda forma de vida humana produjo el mismo nivel de destrucción ambiental, sino  
determinados regímenes históricos de acumulación ligados al capitalismo moderno,  
al colonialismo y a la explotación indiscriminada tanto de materias primas como de  
recursos humanos.  
Esta objeción resulta especialmente relevante para América Latina. La devastación  
ambiental contemporánea no puede separarse de la historia colonial ni de las formas  
extractivas de inserción económica global. Minas, monocultivos, deforestación  
y contaminación hídrica afectan de manera desproporcionada a comunidades  
indígenas, campesinas y poblaciones periféricas, revelando que la crisis ecológica  
posee una geografía profundamente desigual. Resulta paradójico que la modernidad  
haya universalizado discursivamente la idea de humanidad mientras consolidaba  
nuevas fracturas entre territorios protegidos y territorios sacrificables, así como  
entre vidas relativamente aseguradas y otras más expuestas al descarte ambiental.  
En este contexto, la transición tecnológica contemporánea también corre el riesgo  
de reproducir desigualdades semejantes cuando el acceso a la formación, a la  
infraestructura digital y al desarrollo de capacidades críticas permanece concentrado  
en determinados sectores sociales.  
Este debate adquiere particular relevancia ante el impacto que la inteligencia  
artificial tendrá sobre el trabajo, la educación y la participación cívica. Como advierte  
Shah (2023, pp. 31–33), la “era de la IA” transformará profundamente las dinámicas  
laborales, reformulando tareas rutinarias y exigiendo nuevas competencias  
vinculadas al análisis, la supervisión y la evaluación de sistemas algorítmicos. Ello  
obliga a replantear la educación más allá de la mera transmisión de información,  
fortaleciendo el pensamiento crítico, la alfabetización digital, la deliberación ética  
y las habilidades relacionales, que seguirán siendo fundamentales para la vida  
democrática y la creatividad colectiva.  
En este contexto, el Cántico de las Criaturas adquiere una renovada relevancia al  
cuestionar una antropología fundada en la separación, la apropiación y el dominio.  
Su énfasis en la fraternidad recuerda, frente a las formas contemporáneas de  
explotación, que la vulnerabilidad compartida y la interdependencia constituyen  
condiciones fundamentales de lo humano.  
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2. Cristianismo, antropocentrismo y dominio de la naturaleza  
La relación entre cristianismo y crisis ecológica ocupa un lugar central dentro de las  
discusiones contemporáneas sobre el antropoceno. Uno de los puntos de inflexión  
más influyentes en este debate fue el ensayo de Lynn White Jr., “The Historical Roots  
of Our Ecologic Crisis” (1967), donde sostuvo que el cristianismo occidental habría  
contribuido decisivamente a consolidar una visión antropocéntrica del mundo. Según  
White, determinadas interpretaciones del relato bíblico de la creación legitimaron la  
ideadequelanaturalezaexistíafundamentalmenteparaelusohumano, favoreciendo  
así el desarrollo histórico de una racionalidad orientada al dominio técnico del mundo  
natural.  
La tesis provocó una discusión que, de alguna manera, continúa abierta hasta hoy.  
Su originalidad radica en haber atribuido responsabilidades religiosas a la crisis  
ecológica moderna, pero también en haber obligado a reconsiderar las implicancias  
culturales de ciertas antropologías teológicas occidentales. White sugería, en el  
fondo, que la devastación ecológica no podía explicarse exclusivamente por factores  
económicos o tecnológicos. Existía también una dimensión simbólica y espiritual en  
la manera moderna de relacionarse con la creación.  
Las críticas a White no tardaron en aparecer. Diversos historiadores y teólogos  
cuestionaron el carácter excesivamente homogéneo de su lectura del cristianismo  
medieval y señalaron que la tradición cristiana contiene perspectivas mucho más  
complejas y heterogéneas respecto de la naturaleza. No toda teología cristiana  
legitimó del mismo modo la explotación del mundo creado, ni toda experiencia  
religiosa medieval puede reducirse a una lógica de dominio antropocéntrico. Más que  
resolver definitivamente la cuestión, este debate permitió reconsiderar el papel de  
determinadas interpretaciones religiosas en la configuración histórica de la relación  
entre humanidad y naturaleza.  
Precisamente en este contexto, la figura de Francisco de Asís comenzó a adquirir  
una relevancia particular. El propio White identificó al santo de Asís como una  
excepción notable dentro de la tradición occidental, llegando incluso a proponerlo  
provocativamente como “patrono de los ecologistas” (1967, p. 1207). Más allá de la  
simplificación que implica proyectar categorías contemporáneas sobre el siglo XIII,  
la intuición resulta significativa, puesto que Francisco introdujo una relación con la  
creación difícilmente reducible a las coordenadas antropocéntricas dominantes de la  
modernidad posterior.  
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El Cántico de las Criaturas constituye quizás la expresión más radical de esa  
sensibilidad. La creación no aparece allí como objeto subordinado a la voluntad  
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humana ni como conjunto de recursos disponibles para la explotación racional. El  
“hermano sol”, la “hermana agua” o la “hermana tierra” expresan una comunidad de  
pertenencia que descentra al sujeto humano y lo reinscribe dentro de una red más  
amplia de relaciones creadas.  
La modernidad occidental consolidó progresivamente una comprensión dualista de  
la realidad, es decir, sujeto frente a objeto, humanidad frente a naturaleza, razón  
frente a materia. El mundo natural comenzó a aparecer como exterioridad disponible  
para el cálculo y la apropiación técnica.  
Del mismo modo, la naturaleza dejó de ser percibida como comunidad de vida y  
comenzó a ser interpretada como materia manipulable. El antropoceno representa, en  
gran medida, la culminación histórica de esa lógica. La Tierra aparece transformada  
por un sujeto humano que se percibió durante siglos como exterior a los límites  
materiales que hacían posible su propia existencia.  
La experiencia franciscana introduce una inflexión relevante frente a una mentalidad  
dicotómica articulada en oposiciones como dominador y dominado, explotador y  
explotado.  
Francisco no niega la singularidad humana dentro de la creación, pero relativiza  
toda pretensión de soberanía absoluta sobre el mundo creado. La criatura humana  
no ocupa el centro exclusivo de la realidad. Comparte con el resto de las criaturas una  
condición marcada por la dependencia, la contingencia y la finitud.  
Diversos autores contemporáneos han insistido en esta dimensión relacional de  
la espiritualidad franciscana. Leonardo Boff (2000) interpretó el Cántico como  
expresión de una “fraternidad universal” que rompe con las lógicas modernas de  
separación entre humanidad y naturaleza. Ilia Delio (2003), por su parte, destacó que  
la visión franciscana de la creación no parte de la autosuficiencia humana, sino de  
la interdependencia constitutiva de todas las criaturas. En ambos casos, la cuestión  
ecológica deja de ser simplemente un problema de gestión ambiental para convertirse  
en una pregunta antropológica y espiritual más profunda.  
Sin embargo, sería insuficiente convertir a Francisco en un ecologista contemporáneo  
avantlalettre.Elriesgodeciertasrecepcionesmodernasdelsantoconsisteprecisamente  
en neutralizar la radicalidad histórica de su experiencia espiritual mediante lecturas  
excesivamente armonizantes. El Cántico no propone una reconciliación ingenua con  
la naturaleza ni una idealización romántica del mundo creado. Surge, por el contrario,  
desde el sufrimiento físico, la enfermedad y la experiencia del límite.  
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Este aspecto resulta crucial. Francisco canta desde un cuerpo deteriorado y desde  
una creciente conciencia de fragilidad. La fraternidad cósmica del Cántico no  
nace desde la autosuficiencia, sino desde la vulnerabilidad compartida. Allí reside  
una de sus dimensiones más perturbadoras para el imaginario moderno. Frente a  
una racionalidad que convirtió la autonomía y el control en ideales absolutos, el  
texto franciscano reinscribe la existencia humana dentro de una comunidad de  
criaturas marcadas por la dependencia recíproca y por la imposibilidad de escapar  
completamente al límite.  
La actualidad crítica del Cántico emerge precisamente en ese punto. En tiempos del  
antropoceno, cuando la modernidad descubre tardíamente que no puede situarse  
fuera de las condiciones materiales que sostienen la vida planetaria, la pretensión  
franciscana de llamar “hermanos” a los elementos de la creación deja de sonar  
piadosa o decorativa. Comienza a aparecer, más bien, como una crítica anticipada a  
la ficción moderna de autonomía absoluta.  
3. Francisco de Asís y la crisis de la pobreza: el Cántico como  
escritura del límite  
El “Cántico de las criaturas”, también conocido como “Cántico del hermano sol” o  
“Cántico de las creaturas”, es uno de los escritos más célebres de san Francisco de  
Asís (1182-1226). Su copia más antigua se conserva en el Codex 338, un pergamino  
manuscrito elaborado hacia 1250 y custodiado actualmente en la biblioteca del  
Sacro Convento de Asís, después de haber permanecido en la Biblioteca Comunal  
de la misma ciudad desde tiempos de Napoleón (Lehmann, 1995, pp. 181–182). El  
texto habría sido compuesto hacia 1225, en uno de los momentos más complejos  
de la vida de Francisco. La imagen posterior del santo como figura apacible y  
reconciliada con la naturaleza tiende a ocultar el contexto concreto desde el cual  
emerge el himno. Francisco se encontraba entonces gravemente enfermo, casi ciego  
y progresivamente apartado del gobierno efectivo de la Orden de los Hermanos  
Menores. Lejos de constituir una etapa de serenidad contemplativa, los últimos años  
de su vida estuvieron caracterizados por tensiones internas, sustanciales y críticas,  
relacionadas con el crecimiento institucional del movimiento franciscano y con el  
sentido mismo de la pobreza evangélica.  
La bibliografía sobre el Cántico de las Criaturas es vasta y ha abordado el texto  
desde perspectivas filológicas, teológicas, literarias, espirituales e históricas. Para un  
panorama reciente de algunos de los estudios más reconocidos, resulta especialmente  
útil el trabajo del profesor Bernardo Molina, OFMCap, quien ofrece un elenco  
cronológico y minucioso de la investigación dedicada al Cántico, junto con un análisis  
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de su estilo, estructura y espiritualidad (Molina, 2025, 556-557).  
Asimismo, las investigaciones ya clásicas de André Vauchez (2012), Jacques Dalarun  
(1996) y Raoul Manselli (1985) han mostrado que el conflicto en torno a la pobreza  
no respondía únicamente a problemas disciplinarios o administrativos. Los autores  
mencionados coinciden en señalar, con matices y desde enfoques diversos, que lo  
que estaba en juego era la posibilidad de mantener una forma de vida fundada en  
la minoridad, la itinerancia y la renuncia a la apropiación dentro de una Iglesia que  
comenzaba a absorber institucionalmente el carisma franciscano. La aprobación de  
la Regla bulada por Honorio III en 1223 aseguró reconocimiento jurídico a la Orden,  
pero al mismo tiempo aceleró su incorporación a las estructuras administrativas y  
económicas de la cristiandad latina.  
Francisco vivió con creciente desasosiego ese proceso. La fraternidad de hermanos  
pobres que había surgido como experiencia radical de seguimiento evangélico de  
Cristo crucificado comenzaba a transformarse en institución con perspectivas  
de estabilidad y expansión; con conventos, formas de organización jurídica y  
mecanismos de regulación cada vez más sofisticados. Toda esta situación se vivió con  
enorme tensión en el seno de las comunidades de los Hermanos Menores. La pobreza  
franciscana no constituía simplemente una práctica ascética individual; implicaba  
una determinada relación colectiva con el poder, con la propiedad y con el mundo  
creado.  
En este contexto, el Cántico no fue escrito desde la seguridad institucional ni desde el  
triunfo de una reforma consolidada. Francisco canta desde la fragilidad física y desde  
la experiencia de un progresivo descentramiento. La persona que habla para dictar  
los versos a sus hermanos no controla ya ni siquiera su propio cuerpo. La enfermedad  
le recordó que cualquier pretensión de autosuficiencia quedaba descartada.  
Así, aquello que podríamos denominar la “fraternidad cósmica” del Cántico surge  
desdelaconcienciaradicaldellímitey,enesesentido,nonacedesdeunacontemplación  
romántica de la naturaleza ni desde una espiritualidad evasiva. Francisco no se sitúa  
frente a la creación como observador exterior ni como administrador racional del  
mundo. Se reconoce a sí mismo como criatura vulnerable entre criaturas vulnerables.  
Buena parte de la modernidad occidental construyó sus ideales antropológicos  
sobre la autonomía, el dominio técnico y la progresiva emancipación respecto de  
los límites naturales. Por este motivo, la importancia de este descentramiento no  
debería subestimarse. En efecto, el sujeto moderno se imaginó a sí mismo como  
capaz de transformar indefinidamente el mundo mediante la expansión de la razón  
instrumental. En contraste, el Cántico reinscribe la existencia humana dentro de una  
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comunidad creada marcada por la contingencia y la dependencia mutua.  
La cuestión de la pobreza adquiere aquí un significado mucho más profundo que  
la mera renuncia material. Giorgio Agamben (2013) observó que la experiencia  
franciscana introdujo una relación singular con el mundo basada no en la propiedad,  
sino en el uso. Aunque la interpretación de Agamben responde a intereses filosóficos  
contemporáneos y no puede proyectarse mecánicamente sobre el siglo XIII, resulta  
sugerente para pensar el Cántico. San Francisco de Asís no concebía la creación  
como objeto susceptible de apropiación absoluta. La relación con el mundo aparece  
mediada por la gratuidad y no por la posesión.  
Esta lógica se presenta como particularmente disruptiva frente al paradigma  
moderno de acumulación. La racionalidad económica contemporánea se estructuró  
en gran medida sobre la transformación de territorios, cuerpos y ecosistemas en  
recursos explotables. La expansión colonial europea, el extractivismo y el capitalismo  
industrial consolidaron progresivamente una relación instrumental con la naturaleza  
fundada en la apropiación intensiva de lo viviente. La crisis ecológica contemporánea  
constituye una de las consecuencias más visibles de ese proceso.  
El Cántico se sitúa en otra orilla. La creación deja de aparecer como depósito de  
recursos disponibles para el dominio humano y se convierte en comunidad de  
criaturas vinculadas entre sí por la alabanza compartida. El “hermano fuego” o la  
“hermana agua” no son metáforas ornamentales. Expresan una reorganización  
simbólica de la relación entre humanidad y mundo creado.  
Incluso la presencia de la “hermana muerte” adquiere aquí una importancia decisiva.  
Lamodernidadtecnocráticaconstruyóbuenapartedesuimaginariosobrelanegación  
del límite y sobre la promesa de control creciente de la vulnerabilidad humana. El  
desarrollo técnico comenzó a asociarse con la ilusión de superar indefinidamente  
la fragilidad corporal y la dependencia material. Francisco, en cambio, integra la  
muerte dentro de la fraternidad cósmica del Cántico. La finitud no es expulsada de la  
experiencia espiritual; es reconocida como parte constitutiva de la condición creada.  
La crisis ecológica actual no expresa únicamente un problema técnico de gestión  
ambiental. La devastación climática contemporánea representa, en cierto sentido, el  
retornoviolentodeaquelloquelamodernidadcreyópodercontrolarindefinidamente:  
la imposibilidad de existir fuera de la trama vulnerable de la creación.  
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Precisamente por ello, la vigencia del Cántico adquiere un alcance más amplio y, a la  
vez,másincisivocuandoseloleecomounainterpelaciónalaspremisasantropológicas  
que han contribuido a la crisis ecológica contemporánea. Naturalmente, Francisco de  
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Asís no formuló un programa ambiental ni una teoría política de la sostenibilidad;  
atribuirle tales propósitos supondría un anacronismo. Sin embargo, su radicalidad  
conserva fuerza crítica porque va a contracorriente de toda reducción del mundo  
a posesión, utilidad o recurso, e introduce a las criaturas en un horizonte de  
dignidad relacional. Desde esta perspectiva, el Cántico recuerda que la existencia  
humana se encuentra inscrita en una trama de dependencias recíprocas que exige  
responsabilidad, cuidado y reconocimiento de los límites que hacen posible la vida  
común.  
4. Laudato si’ y la crítica de la racionalidad tecnocrática  
La publicación de Laudato si’ en 2015 marcó un punto de inflexión en la reflexión  
contemporánea de la Iglesia sobre la cuestión ecológica. Aunque el magisterio social  
católico ya contaba con antecedentes importantes, la encíclica del papa Francisco  
situó el problema ambiental en el corazón de la pregunta por el ser humano, la vida  
espiritual y la responsabilidad política en el mundo contemporáneo (Francisco, 2015).  
Siguiendo los planteamientos del papa Francisco, la crisis ecológica no es un asunto  
exclusivamente, técnico ni un problema susceptible de resolverse únicamente  
mediante ajustes del modelo económico vigente. La tesis central de la encíclica es  
más exigente y, por lo mismo, más incómoda: lo que se encuentra en crisis es una  
determinada racionalidad histórica.  
Francisco describe y condena explícitamente una forma de relación con el mundo  
basada en la expansión ilimitada del poder técnico y en la reducción de la realidad  
a objeto manipulable. El problema no es la técnica en sí misma. La encíclica evita  
cuidadosamente cualquier nostalgia antimoderna o rechazo simplista del progreso  
científico. Lo que se cuestiona es la absolutización de una racionalidad instrumental  
que termina reorganizando todas las dimensiones de la existencia humana según la  
lógica de la eficiencia, el control y la disponibilidad.  
La Laudato si’ converge con diagnósticos desarrollados desde otros campos del  
pensamiento contemporáneo. Martin Heidegger había advertido ya que la técnica  
moderna no constituye simplemente un conjunto de herramientas, sino una forma  
de desocultamiento de la realidad en la que todo comienza a aparecer como “fondo  
de reserva” disponible para su utilización (Heidegger, 1977).  
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Más recientemente, el pensamiento de Byung-Chul Han (2014) ha adquirido  
amplia difusión al mostrar cómo las sociedades neoliberales contemporáneas han  
transformado, directa o indirectamente, la subjetividad humana en un espacio de  
Revista Ecuatoriana de Ciencias Filosófico-Teológicas (RECiFiT)  
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rendimiento permanente y autoexplotación.  
La encíclica dialoga implícitamente con estas y otras intuiciones contemporáneas,  
aunque desde el horizonte propio de la Tradición cristiana y de la Doctrina Social de  
la Iglesia. Desde esta perspectiva, el paradigma tecnocrático no afecta únicamente la  
relación con la naturaleza; modifica también la experiencia humana del tiempo, del  
cuerpo, de la comunidad y del límite.  
De este modo, el Cántico de las Criaturas interpela al recordar que la fraternidad  
cristiana constituye una forma radicalmente distinta de habitar el mundo. Francisco  
no contempla la creación como “fondo de reserva” ni como escenario neutral para la  
expansión del dominio humano. El “hermano sol” o la “hermana agua” no aparecen  
subordinados a una lógica de apropiación. Son reconocidos como criaturas con las  
cuales el ser humano comparte una pertenencia común.  
La distancia respecto de la racionalidad tecnocrática moderna resulta profunda.  
Mientras el paradigma contemporáneo tiende a reducir la realidad a disponibilidad  
funcional, el Cántico introduce una relación fundada en la gratuidad y en el  
reconocimiento del límite. La creación deja de ser mero recurso y recupera espesor  
simbólico, espiritual y relacional.  
Esta tensión se vuelve especialmente visible en el modo como Laudato si’ vincula  
devastación ecológica y exclusión social. La encíclica insiste en que no existen dos  
crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una única crisis socioambiental  
(Francisco, 2015). Esta afirmación permite pensar la destrucción de ecosistemas y la  
precarización de poblaciones vulnerables como efectos de una misma racionalidad  
histórica, en la que los beneficios se concentran y los daños se distribuyen de manera  
desigual.  
Algo semejante ocurre en el campo tecnológico. La inteligencia artificial se desarrolla  
mediante cadenas complejas de diseño, entrenamiento, integración y uso, donde  
intervienen programadores, empresas, entidades públicas, plataformas de datos  
y usuarios finales. Esta multiplicidad de actores puede producir escenarios de  
“responsabilidad difusa” (Laín Moyano, 2021, p. 216), en los que una exclusión  
indebida, un diagnóstico erróneo o una clasificación discriminatoria no encuentran  
fácilmente un responsable identificable. Por ello, la justicia socioambiental y la  
ética tecnológica comparten una misma exigencia: hacer visibles las mediaciones  
que producen daño, establecer responsabilidades verificables y crear mecanismos  
institucionales de trazabilidad, documentación y auditoría antes de que los sistemas  
económicos, ecológicos o algorítmicos desplieguen consecuencias difícilmente  
reversibles (Mitchell et al., 2019).  
54  
Vigencia crítica del Cántico de las Criaturas  
Ahorabien, loanteriorposeeimplicanciasimportantesparaAméricaLatina. Laregión  
ha experimentado durante siglos formas intensivas de extracción minera, devastación  
territorialyexplotaciónderecursosnaturalesorientadasprioritariamentealmercado  
global. La modernidad latinoamericana se configuró, en gran medida, a partir de  
economías extractivas que organizaron territorios enteros como zonas de sacrificio.  
En este contexto, la crisis ecológica contemporánea puede comprenderse a través de  
varios prismas, pero uno de los más adecuados es el enfoque que cuestiona el poder  
colonial y sus persistencias. A comienzos del siglo XXI, Aníbal Quijano (2000) mostró  
cómo la modernidad europea logró consolidar jerarquías globales que orquestaron  
la explotación económica, la racialización y el control epistemológico. La naturaleza  
latinoamericana fue incorporada al imaginario moderno fundamentalmente como  
fuente de recursos disponibles para la expansión colonial y capitalista.  
La devastación ambiental contemporánea prolonga muchas de esas lógicas. La  
Amazonía constituye quizás el ejemplo más visible. La destrucción acelerada de  
bosques, la contaminación de ríos y la migración forzada de comunidades indígenas  
responden a dinámicas económicas globales que continúan tratando el territorio  
como espacio sacrificable en nombre del crecimiento y del desarrollo.  
Precisamente por ello, la crítica ecológica de Laudato si’ no puede reducirse a  
exhortación moral sobre el cuidado del medio ambiente. La encíclica formula una  
crítica mucho más amplia a las formas contemporáneas de organización del poder y  
de la economía. El deterioro ambiental aparece vinculado a una antropología fundada  
en la separación: separación entre humanidad y naturaleza, entre economía y ética,  
entre progreso técnico y responsabilidad colectiva.  
Aquí emerge nuevamente la radicalidad del Cántico. La fraternidad franciscana no  
elimina el conflicto ni idealiza ingenuamente la creación. Lo que cuestiona es la  
pretensión moderna de existir fuera de las relaciones de dependencia que sostienen  
la vida común. Francisco de Asís no propone simplemente “cuidar” la naturaleza;  
interpela la posición misma del sujeto humano dentro del mundo creado.  
En tiempos del antropoceno, cuando la humanidad descubre tardíamente que no  
puede escapar a las consecuencias materiales de su propia expansión técnica, la voz  
del Cántico adquiere una resonancia inesperada. La creación deja de aparecer como  
exterioridad silenciosa y comienza a manifestar los límites que la modernidad creyó  
poder ignorar indefinidamente.  
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Revista Ecuatoriana de Ciencias Filosófico-Teológicas (RECiFiT)  
e-ISSN: 3073-1054  
Conclusión  
La persistencia histórica del Cántico de las Criaturas se relaciona con su capacidad  
para cuestionar algunas de las premisas antropológicas y culturales que continúan  
presentes en la relación moderna con la creación. La recuperación contemporánea  
del imaginario franciscano en Laudato si’ expresa precisamente la necesidad de  
revisar las bases culturales de la crisis ecológica actual. En este sentido, el deterioro  
ambiental no puede comprenderse únicamente como un problema de gestión técnica  
ni como una consecuencia aislada de determinados modelos económicos. También  
remite a una forma de comprender la relación entre humanidad, naturaleza y técnica  
que ha favorecido la apropiación, la explotación y el distanciamiento respecto de los  
límites que sostienen la vida.  
En el contexto del antropoceno, la actualidad del Cántico radica en recordar que  
la creación no constituye una reserva inagotable de recursos disponibles para el  
dominio humano. La persona forma parte de una comunidad más amplia de criaturas  
y comparte con ellas una condición marcada por la dependencia, la contingencia y  
la vulnerabilidad. Desde esta perspectiva, la fraternidad franciscana no representa  
una idealización romántica de la naturaleza, sino una manera distinta de habitar el  
mundo, fundada en el reconocimiento de la interdependencia y de la responsabilidad  
compartida.  
La formulación reciente de León XIV permite precisar algunas implicaciones  
sociales de esta reflexión. Una sociedad no se comprende adecuadamente a sí  
misma cuando evalúa su desarrollo únicamente desde el poder, la prosperidad o la  
eficiencia institucional, dejando en segundo plano a quienes viven en condiciones  
de mayor exposición y fragilidad. La justicia ecológica no se limita al cuidado  
de ecosistemas; también remite a los criterios con que una comunidad define la  
dignidad, la vulnerabilidad y la pertenencia. En este horizonte, la sensibilidad  
franciscana continúa ofreciendo una interpelación vigente, pues invita a reconocer  
que el cuidado de la creación, la atención a las personas más vulnerables y el  
ejercicio de la responsabilidad común forman parte de una misma realidad. Por  
ello, las palabras finales del Cántico conservan toda su fuerza: “Alaben y bendigan  
a mi Señor, denle gracias y sírvanle con gran humildad” (Francisco de Asís, 2014  
[1225], p. 123).  
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Vigencia crítica del Cántico de las Criaturas  
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